miércoles, 17 de marzo de 2010

UNA VIA DE ESCAPE A EXPENSAS DE UNA MUERTE

A pesar de las controversias algunos países ya están aprobando en sus legislaciones la polémica medida del aborto como una solución para interrumpir los embarazos no deseados. Aborto... ¿sinónimo de asesinato?



Las sociedades modernas han experimentado, en el último siglo, cambios notorios producidos por el desarrollo de la ciencia y de la técnica en todos los aspectos de la vida.

Lamentablemente, todos estos progresos no siempre han ido unidos al correspondiente crecimiento moral de la persona. Este hecho refleja el drama mas profundo de nuestro tiempo, la perdida del sentido de la persona humana, el olvido de su dignidad, la esclavitud de los hombres con respecto a sus propias obras y proyectos.

El aborto en la medicina se entiende a toda expulsión del feto - natural o provocada-, cuando no tiene ninguna posibilidad de vivir.

Hay dos clases de aborto, el espontáneo y el que es provocado. El espontáneo se produce intrauterinamente o bien por causas diversas que motivan la expulsión del nuevo ser al exterior, donde fallece debido a su falta de capacidad para vivir fuera del vientre de la madre. Si el aborto es provocado, se realiza matando al hijo en el seno materno o bien forzando artificialmente su expulsión para que muera en el exterior.

Desde que se produce la fecundación mediante la unión del espermatozoide con el óvulo, surge un nuevo ser humano. Desde ese primer instante, la vida del nuevo ser merece respeto y protección., se produce un desarrollo continuo en el nuevo individuo.

Para el aborto suelen usarse diversos métodos según los medios que se dispongan y la edad del feto que hay que suprimir, los métodos son: aspiración, legrado, histerotomía ("mini cesárea"), inducción de contracciones e inyección intraamniótica.

En estos diferentes métodos la seguridad de la mujer muchas veces esta en juego debido a que pueden producir hemorragias, embolias e infecciones graves. Es cierto que estas complicaciones no son muy frecuentes y que la mortalidad no es alta pero existen secuelas importantes que pueden influir seriamente en el desarrollo de embarazos posteriores y en las mujeres que abortaron debido a que produce trastornos psicológicos, depresión, hostilidad y conducta autodestructiva.

El aborto en Argentina es severamente limitado por la ley. Desde 2008, el Código Penal argentino establece sanciones severas para los que causan abortos y para mujeres que dan consentimiento sí mismas, y penas específicas para los médicos y otros agentes de salud que realizan abortos.

Es ilegal en cualquier caso pero es considerado "no punible" en determinadas circunstancias: Si el aborto se realice para evitar daño a la vida o salud de la mujer, desde que no existan otros medios de evitar tales daños y si el embarazo proviene de una violación.

En España fue aprobada la nueva ley sobre el aborto que indica que a los 16 años ya se puede abortar sin el consentimiento de los padres dentro de las primeras 14 semanas del embarazo. Esta nueva ley no es aceptada universalmente. La Iglesia católica amenazó con excomulgar a quienes votaran a favor de la aprobación, y después de esta ser aprobada hizo mención que aunque el rey Don Juan Carlos de Borbón firmara la Ley, no sería excomulgado. Esta reforma de la ley fue aprobada por el Senado con sólo seis votos de diferencia, teniendo 132 votos a favor, 126 en contra y una abstención.

En el caso del aborto por violación las opiniones a favores y en contra son diversas. Es necesario pensar y tener en cuenta todos los factores que puedan afectar o no en la vida del nuevo niño y la madre. Muchas de las mujeres ven en su hijo una representación del hombre que las violó. Y eso es realmente algo que puede afectar mucho a la madre, produciéndole un rechazo incomprensible y exagerado (pero real y muy difícil de tratar) hacia el hijo.

Un claro ejemplo es el caso de Romina Tejerina que a la edad de 18 años fue violada por Eduardo Vargas, su vecino, un comerciante de 42 años, hermano de un policía . Fue en la madrugada del 1º de agosto de 2002, en la jujeña localidad de San Pedro, cuando la joven salió de su casa para ir a bailar. Romina no denunció el ataque ni contó luego que estaba embarazada. Y en la oscuridad de ese silencio, parió y dio fin al hijo de su violación para luego matarla de 18 puñaladas. Así comenzó el Caso Tejerina, el primero que abrió un debate social sobre los dramáticos alcances de la violencia que sufren las mujeres y los límites de la justicia para juzgarlos: el violador está libre y Romina fue sentenciada a 14 años de prisión por homicidio.

Por Catalina Pinardelli


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